Convento de Santa Isabel de los Ángeles

 

    En el siglo XVI, impulsada por la renovación del Cardenal Cisneros y por el Concilio de Trento, se produce una revitalización de las ordenes religiosas que conlleva el proceso urbanístico de conquista de las manzanas por las fundaciones religiosas y el establecimiento de la ciudad convento del barroco, Imagen del Convento y de la fachada erigida por la Hdad. (Foto: Cristóbal Polonio)caracterizada por su ubicación en casas de vivienda a las que se les va añadiendo las colindantes con sus patios.

El Convento

    La fundación de este convento tuvo lugar en el siglo XV en las casa de la calle Valderrama cedidas por Marina de Villaseca, su protectora. Posteriormente se trasladó a su ubicación actual.

    Al compás se  entra por una portada adintelada, adornada con frontón partido y un relieve de la Visitación alusivo al patrocinio de Santa Isabel, a cuyos lados se aprecian los escudos de los marqueses de Villaseca, verdaderos mecenas de esta fundación.

    En frente se encuentra la iglesia a la que se accede por una portada de piedra enmarcada en pilastras jónicas que terminan en frontón curvo decorado en su interior con una cartela manierista con otro relieve de la Visitación y la fecha 1576. Detalle de la fachada neobarroca realiza por la Hermandad. (Foto: Cristóbal Polonio)Realizada en sillería, mampostería y ladrillo, es de planta rectangular, de una sola nave y cabecera plana. El cubo de la capilla mayor es de las soluciones más bellas del manierismo cordobés, debiéndose a Juan de Ochoa que la inició en 1583 y a Sebastián Vidal y Bernabé Gómez del Río con quien finalizó en 1660. La bóveda esquifada muestra en sus paños unos angelotes con las dedicatorias. Los muros laterales se hallan dispuestos a manera de retablos articulándose mediante columnas en tres calles y dos cuerpos. La calle central luce los escudos de los marqueses de Villaseca, como el centro de la bóveda. El frente se adorna con un retablo pétreo cuya primitiva traza se atribuye a Sebastián Vidal en 1650. En 1655 talló Bernabé Gómez los relieves del muro izquierdo con imágenes de San Bartolomé, San Luís, San Juan Evangelista y  San Marcos, correspondiendo en el muro derecho San Sebastián, San Roque, San Lucas y San Mateo. El retablo mayor se enjoya con los relieves de la Visitación y Coronación de la Virgen realizados en 1682 por Pedro Roldán. Aparecen también San Francisco de Asís, Santa Clara y dos Ángeles dorados, San Miguel y San Rafael, rematando las columnas.

    De 1703 es la portada del compás que comunica con la sacristía, que lleva un frontón partido con las armas de los Villaseca.

    En el siglo XIX, 1833, la iglesia cambió su fisonomía al sustituirse el viejo artesonado por nueva armadura y bóveda de yeso, restaurándose la capilla mayor y el retablo. A comienzos del siglo XX, 1907, se construyó el campanario, y a mediados, se abrió una portada neobarroca en la calle Isabel Losa para dar acomodo a los pasos de la Hermandad de la Esperanza. Entre 1970 y 1974 se renovó el conjunto conventual bajo proyecto de Manuel Pastor, Luís delgado y Victorio Gómez.

    Finalmente decir que, gracias a una inusitada devoción a San Pancracio, la popularidad de este antiguo convento de Santa Marina ha crecido enormemente.

Vinculación con la Hermandad

    En el año 1950, la Piadosa Hermandad y Cofradía de Penitencia del Santo Cristo de la Sentencia y Mª Stma. de la Esperanza procesiona con su única Escudo de los Villaseca, inspirador de la portada de la Hdad. (Foto: Cristóbal Polonio)imagen Titular, Mª Stma. de la Esperanza, que lo hace con palio por primera vez. El estreno del mismo imposibilita la salida desde el interior de su sede canónica, Santa Marina de Aguas Santas, produciéndose desde un recinto entoldado provisional que se instala junto al templo y que obliga, igualmente, a cambiar el itinerario de regreso para recoger a la imagen en la cercana iglesia del convento de la Merced, de donde volverá a su templo en la tarde del Sábado Santo. Esta situación provoca numerosos problemas que desembocan en la suspensión de la salida procesional del año 1957 debido a que un cambio de postura en el Presidente de la Diputación impide que se recoja allí la imagen de la Virgen.

    Acuciados por la situación, D. Martín María de Arrizubieta, Consiliario y párroco de Santa Marina, realiza unas gestiones con la titular del cercano Convento de Santa Isabel de los Ángeles y dos años más tarde, en la Junta General de Hermanos celebrada el día 5 de julio de 1959, se aprueba alquilar a las MM. Clarisas un lateral del aledaño convento, acondicionándolo para solucionar el tremendo problema del entoldado provisional y Escudo que corona la portada y que representa a la Hdad. (Foto: Archivo Hdad.)engalanándolo con una bellísima portada en piedra tallada, de estilo clásico, coronada por el escudo de la Hermandad abrazado y coronado ahora por un águila Real tal y como aparece en el escudo del interior del Convento.

     Concebido como el preludio de lo que hoy son las casas de hermandad, el "Cuartito", como se conoce entre los hermanos, sería durante casi dos décadas el lugar en el se conservarían los enseres de la Cofradía, se repartirían las túnicas a los hermanos, se guardarían los pasos y, lo más importante, saldría nuestra Titular, Mª Stma. de la Esperanza, para procesionar por las calles de Córdoba.

    Desde entonces, a pesar del traslado de sede canónica a la iglesia de San Andrés y de la adquisición de la Casa de Hermandad, el  "cuartito no ha perdido importancia ni función dentro de la Hermandad. Hoy día, tras la ejecución del paso de misterio en 1990, es el lugar en el que se conserva el paso de guadamecíes realizado para Ntro. Padre Jesús de las Penas por nuestro añorado imaginero Juan Martínez Cerrillo, gracias a sus inmejorables condiciones de humedad y temperatura.

    Esta es la historia de nuestro "Cuartito", de nuestra vinculación al convento de Santa Isabel de los Ángeles, lugar de especial significado para la Hermandad que convertido en testigo mudo e indeleble de nuestro paso y pertenencia al barrio, se erige en vestigio histórico-cultural de nuestra presencia en dicha collación.

  

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