Cuerpo de Hermanos Nazarenos

 

    "Amanece. La primavera se muestra impetuosa, exuberante y el olor a azahar que en estas fechas domina nuestra ciudad califal impregna todos los rincones de mi casa. Es una sensación agradable, intensa y vuelvo a sentir esa emoción que recorre todo mi cuerpo y que me lleva a los años más lejanos de m niñez. Guiado por toda esta pléyade de sensaciones, como si fuera un autómata, me dejo llevar, ...entro en mi habitación , ...ya no hay duda. El domingo de Ramos ha llegado, majestuoso. Hoy volveré a acompañaros como siempre. Hoy volveré a sentir esa mirada calida de tu rostro imperturbable, hoy me sentiré todavía un poco más cerca de ti, Gitano. Y a ti mi niña, con esa cara que sólo unas gubias angelicales pudieron tallar, a ti que sólo con mirarte haces que me estremezca, tu por siempre sigues siendo mi Esperanza. Allí, situada en el mismo sitio de siempre y ordenada estratégicamente, casi al milímetro, vuelvo a encontrar mi túnica de nazareno. Los colores penetran por mi retina y el olor a incienso casi sin darme cuenta se me hace más y más intenso. Túnica blanca, cubrerrostro verde, capa blanca. No sé que es lo que me pasa, pero me estoy estremeciendo, casi no puedo controlarme. Hoy volveré a sentirme nazareno de la Esperanza. Madre mía gracias por dejarme volver a cumplir una vez más mi sueño de poder acompañarte, de poder hacer a tu lado ese camino. Quiero hacerlo sobre todas las cosas, por siempre jamás, siempre a vuestro lado, mientras vosotros me lo permitáis. Mi felicidad me llena. Junto a mi túnica encuentro la de mi mujer  y al lado la de mis hijos. Alguna vez pude soñar algo similar, algo más grande. Es que yo he sido capaz de transmitirles mis sentimientos. No lo sé, pero lo cierto es que ellos comparten conmigo este día tan señalado, ellos sienten por sus entrañas lo mismo que siento yo. Ellos también son nazarenos de la Esperanza.

    Se repite el rito. Como siempre. Me ciño mi túnica y cojo ese camino mágico que me llevará a la plaza de San Andrés, junto a vosotros. Se acerca la hora. Antes, ese momento en el que estoy junto a vosotros, en el que desaparezco dentro de mi para sentarme a vuestro lado, para dedicaros mi oración. Con todo lo que me dais que poca cosa puedo ofreceros yo a cambio.

    Ya no puedo controlarme más. Las sensaciones me invaden. Me he puesto el cubrerrostro. Ya soy anónimo, uno más, como todos los que estamos allí, compartiendo lo mismo. Se abre la puerta.... por fin. Acabo de atravesar el umbral y casi no me puedo mover, es tan grande lo que siento. Un reguero de luces anónimas os ilumina el camino y entre ellas la mía. Se me nubla la mente de tantas sensaciones, quiero llorar y no puedo porque la felicidad inunda mi cuerpo. Casi sin darme cuenta van cayendo las horas de mi penitencia, las horas a vuestro lado. Sigo enajenado. La cera inunda las calles, el incienso se apodera de la noche y en esta oscuridad solo la luz de vuestras figuras emerge majestuosa. Que pequeño me hago cuando os miro y que poco puedo yo ofreceros a cambio.

    Vuelvo a ver el umbral de vuestra casa. El camino se termina. ¿Ya?. Que sensación más extraña. Por un lado una felicidad colmada. He vuelto a ser nazareno y he caminado a vuestro lado. Por otro lado la tristeza de este día mágico que llega a su fin. Ese mar de sentimientos que me ha colmado durante toda la jornada y que simplemente, una vez más, ha hecho que sea una de las personas más afortunadas de la faz de la tierra. Sólo espero que cuando el año que viene la Luna de Nissan inunde nuestra ciudad, Tú Gitano, y Tú Esperanza me permitáis una vez más vestir mi túnica de nazareno para poder caminar a vuestro lado".

Miguel Rivets Fernández

    Como estas podrían ser las sensaciones que nuestros hermanos del cuerpo de nazarenos viven cada Domingo de Ramos antes, durante y después de la salida penitencial. Hermanos de a pie que han hecho del hábito nazareno su signo de identidad, hermanos que han perdido el halo de la modernidad sucumbidos ante la arrolladora preponderancia de los hombres de faja y costal, hermanos que mantienen viva las más pura y antigua tradición cofrade, la más sencilla: "vestir la túnica nazarena y orar a Dios, nuestro Padre, a su Hijo, y a su madre, Mª Stma."

a) Hermanos de Blanco y Verde

Hermanos nazarenos con insignia y varas de acompañamiento. (Foto: Archivo Hdad.)    Y es que, efectivamente, el hermano nazareno representa la más pura y antigua tradición cofrade, el denominador común y la esencia del capital humano de una Hermandad y Cofradía que, como la nuestra, reconoce esta situación desde su propio Título:

"Ilustre y Venerable Hermandad y Cofradía de nazarenos de Ntro. Padre Jesús de las Penas y María Santísima de la Esperanza"

    Si bien es cierto que nuestra Hermandad es de las que se pueden jactar de haber mantenido siempre, desde su fundación, a sus Titulares sobre los hombros, no es menos cierto que el singular fenómeno de los "hermanos costaleros" como figura asimilable al hermano nazareno dentro de la cofradía es un hecho de mediados de los setenta y, por tanto, relativamente reciente. Algo parecido podríamos decir del reducido grupo de corporaciones que, como la nuestra, han contado o cuentan con Bandas de Música propias, ya que este caso es aún más cercano, remontándonos entonces a los inicios de los años ochenta.

    Podríamos afirmar, pues, sin temor a equivocarnos, que los hermanos nazarenos son los auténticos herederos de aquel grupo de hombres que con tanto esfuerzo consiguieron procesionar por las calles de Cuerpo de acólitos portando los ciriales del tramo de Virgen. (Foto: desconocido)Córdoba apenas tres meses después de la fundación de la Hermandad y Cofradía, conformando desde entonces el grupo más importante cuantitativamente e imprescindible de nuestra masa social y haciendo posible su permanencia en el tiempo.

"...La Esperanza de Santa Marina llama la atención por la nutrida presencia de nazarenos y los estrenos del vistoso estandarte y el rico bordado del manto de la Titular..."

Juan Aranda Doncel, "Ntro. Padre Jesús de las Penas en la Córdoba de los años cincuenta", pág. 15

    Esta referencia de la Semana Santa de 1950, sólo diez años después de que en aquel 1940 saliera por el umbral de la puerta de nuestra parroquia fundacional de Santa Marina la primera comitiva blanca y verde. muestra el peso específico que ha tenido, y tiene, el sector penitencial más importante de nuestra Corporación, cuya historia está llena de vicisitudes que en su momento fueron enormes dificultades que superar, como las del año 1967, cuando el Imperio Romano de Cabra tuvo que ocupar todo el tramo de Cristo al no haber ningún Nazareno, o 1997, cuando el cambio de régimen en el hábito de la Hermandad redujo nuestro cortejo a 95 hermanos vestidos.

    A la vez, está también salpicada de innumerables anécdotas, desconocidas para muchos, como la de aquellos años en los que la Cruz de Guía era portada por un hermano que, curiosamente, llevaba la capa verde con vueltas blancas, o la controversia sobre si el tramo de Cristo, tal y como estaba previsto, llegó a variar el color de los cubrerrostros o no, o peculiaridades propias mantenidas en el tiempo, como la costumbre de que la última sección de cada tramo, la que precede a nuestros Titulares, la de escolta, porte cirios verdes en lugar de los blancos de las demás secciones.

    Fuera como fuese, la realidad es que hoy contamos con un nutrido Cuerpo de Nazarenos en el seno de la Hermandad, calculándose sobre el medio millar el número de hábitos en propiedad que existen, de los que cada año se viste un número que sobrepasa los trescientos, dando cuerpo al cortejo de la Hermandad de los "Gitanos"  e inundando las calles de Córdoba de alba pureza y verde esperanza.

 

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