Piconeros Ilustres
En todas las travesías hay personas que sorprenden por su labor callada, abnegada e incondicional, o por haber enderezado el rumbo de la nave, o por haber visto con claridad el puerto al que había que dirigirse, por ayudar a quienes flaqueaban durante la navegación, o simplemente, por hacer bien lo que tenían que hacer.
No fueron Hermanos Mayores, tampoco fueron distinguidos con nombramiento alguno, pero la Hermandad de la Esperanza no los olvida y quiere dedicar este capítulo a los que escribieron con amor y cariño muchas de las páginas de la historia de nuestra Hermandad, a los que hicieron grande a la Hermandad de los "piconeros", a los que fueron sus "Piconeros Ilustres".
D. Juan Martínez Cerrillo
Cuando la Hermandad y Cofradía encarga la realización de la imagen de María
Santísima de la Esperanza a Juan Martínez Cerrillo en el verano
de 1946, pocos podían imaginar la especialísima relación que se forjaría con los
años entre el escultor y nuestra corporación nazarena. Hoy podemos afirmar, sin temor
a equivocarnos, que la "Hermandad de los Gitanos" no sería igual sin el concurso
del imaginero cordobés.
"...Juan era un gran hombre y, aparte, un gran amigo mío. Prácticamente todo el patrimonio de la Hermandad lo diseñó él. No sé si sin Juan hubiera existido la Hermandad ya que el camino que llevaba antes de conocerlo era bastante malo... él siempre estuvo a la cabeza de la Cofradía. Y también recuerdo un año que se vistió de promesa, de forma anónima y fue detrás del Cristo, descalzo. Es muy grande. Una persona que lo había hecho y fíjate..."
José Gómez, hermano de la Esperanza desde 1940, para "Domingo en Esperanza'02"
Efectivamente, la realización de las imágenes de nuestros sagrados Titulares
marcaría el comienzo de una extensa y estrecha vinculación que iría más allá que
la meramente contractual entre un imaginero y una hermandad. Juan se involucró
activamente en la vida de nuestra Cofradía colaborando asiduamente en cuantas
empresas y proyectos emprendía, vistiendo
a la Virgen, nada más y nada menos que durante treinta y dos años (1947-1979) y
ejecutando el singular Guión que él mismo diseñó para la Hermandad de "Los
Gitanos". El nombramiento como
asesor artístico en 1950 sería de vital importancia ya que
no solo le daría uniformidad a cuantas adquisiciones se aventuraba la cofradía,
sino que la personalizaría con el "guadamecí", un elemento original, singular y particularísimo que definirá hasta nuestros
días el estilo de nuestro amplio patrimonio artístico.
Así pues, Juan Martínez Cerrillo es para la Hermandad de la Esperanza una parte indisoluble de ella misma, un hijo predilecto, como uno de los piconeros ilustres que estarán para siempre en su memoria.
D. Ignacio Torronteras Paz
La labor de Ignacio Torronteras, nuestro añorado "Cabezón", es crucial en la Hermandad de la
Esperanza, no sólo por la creación de las dos cuadrillas de hermanos costaleros
y la consolidación de las mismas, sino por su constante contribución al
desarrollo general de la Cofradía.
"...Recuerdo que para formar la primera cuadrilla llegó Pío Gómez a hablar conmigo y me dijo que querían crear una cuadrilla de hermanos costaleros. Yo le dije que contaran conmigo, que para adelante. Entonces me dijo que cuánto iba a costar eso, contestándole que nada, que yo jamás había cobrado por llevar cuadrillas de hermanos costaleros"
Ignacio Torronteras Paz para "Domingo en Esperanza'03"
Ignacio Torronteras, dotado de una
especial aptitud espacial, se mantuvo fiel a su forma de mando y, gracias a su
humanidad, logró la admiración de sus costaleros, para los que se convertiría en
maestro, cuando no padre, de ese difícil arte que es andar bajo una trabajadera.
Dejó su impronta repartida por gran parte de las cofradías cordobesas y su
influencia es una constante en la mayoría de los capataces actuales. Pero sobre
todo, y para orgullo nuestro, ejerció su docto magisterio en la "Hermandad de
los Gitanos" dejando una simiente de buen hacer que perdura hasta nuestros días en el piconero palio de "La Gitana", en el elegante andar del
"Gitano", y en la labor que diariamente desarrollan sus dos hijos
dentro de la Cofradía, a los que supo inculcar su inmenso amor a nuestros
Titulares.
Nombrado "Cofrade Ejemplar" por la Agrupación de Cofradías en 1996, justo y merecido reconocimiento a su labor cofrade, Ignacio Torronteras ha escrito páginas de gloria para una Hermandad de la Esperanza que lo siente, con orgullo, como uno de sus piconeros ilustres, motivo por el cual fue nombrado Capataz de Honor de la misma.
D. Rafael del Olmo Rosales
Rafael del Olmo Rosales marcó profundamente el devenir de nuestra Hermandad
durante la década de los setenta y los ochenta, época difícil en la que se
produciría la definitiva transición de la Cofradía con la incorporación de los
jóvenes a la
Hermandad y una gran renovación de ideas y proyectos.
Costalero del "Gitano", cumplió la función emérita de codirigir la transición de la Hermandad de finales de los
años 70 como Vicehermano Mayor de D. Rafael Gutiérrez, a la vez que cogía la
responsabilidad del llamador de Ntro. Padre Jesús de las Penas dejado por
Ignacio Torronteras en 1979.
"...Es significativa la impronta sevillana en algunas ideas, pero adaptándolas siempre a la personalidad cordobesa. Juntos trabajamos en la redacción de nuevos estatutos para la Cofradía.
Trazamos los primeros esbozos de lo que luego, con la ayuda de Ignacio Torronteras, sería la primera cuadrilla de hermanos costaleros de la Hermandad. Rafael tuvo el orgullo de calzar la pata izquierda delantera en el paso del Señor aquel inolvidable Domingo de Ramos de 1977. Rafael tuvo la satisfacción y el mérito de ser capataz del paso de Ntro. Padre Jesús de las Penas durante varios años, lo que siempre hizo con maestría y cariño..."
De su andadura por la Junta de Gobierno, gracias a sus gestiones, recuerdo las múltiples visitas al taller de Jesús Domínguez en Sevilla, del que más tarde salieron obras de orfebrería para la Hermandad tales como los candelabros de cola, Cruz de Guía, varales, llamador, etc.
Y como no recordar los primeros años de Entrevarales, con el mandil puesto veinticuatro horas.
Pío Francisco Gómez Pérez para "Domingo en Esperanza´02"