"Gitanos de faja y costal"
"No sé el tiempo que podía llevar allí, cruzado de brazos y con la mirada perdida. Quizás media hora. La impotencia que debía estar sintiendo en aquellos momentos parecía querer contenerla apretando sus dientes con fuerza. Incertidumbre y rabia contenidas que acentuaban sus facciones iluminadas por el esplendor fulgurante de la candelería encendida.
Su pantalón vaquero, raído por el uso, arrastraba sin duda largas noches de ensayo bajo la trabajadera. Que privilegio poder sentir junto a la nuca el crujir de la madera que pasea por Córdoba a Mª Stma. de la Esperanza. La sensación es indescriptible. Como reconforta sentir el pinchazo certero sobre la misma cerviz cuando el paso sube al cielo en busca del Padre y cae al poco tiempo sin conseguir arquear las rodillas de los que son sus pies mientras dure el paseo que la Señora regala a Córdoba cada Domingo de Ramos.
Pero la voz de Carlos Samaniego, Hno. Mayor de la Cofradía, se clava como una daga entre los repliegues de la faja: "La Junta de Gobierno ha decidido no celebrar este año su Estación de Penitencia a causa de la lluvia". Para entonces, la mirada perdida de nuestro hermano costalero se inunda de esas mismas lágrimas que empapan las calles del Realejo. Tan sólo el llanto desconsolado de sus hermanos es capaz de romper el respetuoso silencio con el que la Cofradía permanece a la espera en su templo. Pero la lluvia parece implacable y las nubes dictan su sentencia: lágrimas de primavera en San Andrés...Mientras, Mª Stma. de la Esperanza abraza bajo su manto verde y oro a todos sus hijos que buscan consuelo, también, entre sus compañeros.
El costalero purga penas de faja y costal en cuanto siente la llamada del martillo y la voz del capataz. Y si para el nazareno constituye un orgullo llorarse la túnica de cera, el costalero disfruta dando hasta la última gota de su sudor por la Madre de Dios. Y es que, debajo del paso, el costalero es un engranaje más de esa maquinaria que derrocha amor y lealtad a la Esperanza. Bajo la pequeña imagen del Pilar, el costalero se deja hasta el alma rezando a favor de no sé que contraria pena.
Este año sí podrá ser. Afortunadamente, hemos vuelto a vencer al tiempo y de nuevo, nos encontramos a las puertas de una celebración que hace que Córdoba estalle en un sin fin de sentimientos, olores, colores y sonidos. Que hermoso ese rumor de Ángeles que surge de San Andrés el primer gran día. Parece encapotarse de palios el cielo, mientras que a la calle, entre arrullos de gorriones y palomas, le brotan de dos en dos capirotes verde esperanza.
Una voz pretende llevar a La Gitana con la izquierda por delante, mientras toda una cuadrilla de corazones palpita en su madera. El costalero volverá así, de nuevo, a su vértigo de soledad para dedicar penitencias de asfalto tras un respiradero coronado de gladiolos blancos. Un particular burladero desde el que reza a su manera, porque el trabajo bien hecho es otra forma de oración, una faena con la que entrar por la puerta grande del Cielo.
Una vez más, los ojos de los niños buscarán el hermoso rostro de La Gitana con la satisfacción de la ilusión recién nacida. Y San Andrés parecerá a lo lejos el regazo de una madre esperando de anochecida con su particular acopio de madrugadas atadas a la memoria. Serán miles los cordobeses que se agolpen en esa pequeña plaza donde pasan los años sin que nadie los cuente, donde cabe la soledad entre la muchedumbre, donde el llanto es un río interior irremediable, donde el sol se pulveriza y derrama gotas de brillo...
Es entonces cuando Mª Stma. de la Esperanza se encontrará con esas hebras de luna mientras muchos corazones la esperan a las puertas de su casa. Gitana, sales con la luz y con la luz vuelves porque la luz eres Tú. Ahí tienes a tu Cofradía peleando contra la insolencia del olvido y esperando tomar nota de las enseñanzas de Tu Hijo, Ntro. Padre Jesús de las Penas, que un día llenó de Dios el pan, por los siglos de los siglos."
Juan Pablo Bellido para "Domingo en Esperanza'04"
Este podría ser el sentimiento de cualquiera de los hermanos costaleros que se fajan cada año bajo las trabajadera de nuestros "Gitanos", protagonistas invisibles que, ajenos a la fatiga, subyacen como incógnitos mediadores entre Dios y los hombres, ocultos en esa dimensión telúrica, oscura, profunda y prometeica que sustenta, y acaso fundamente, el latido pendular de la deidad, su transitar fastuoso y dramático de perfecto equilibrio y exacto ritmo muscular.
Pero no siempre fue así. No siempre el corazón de un hombre fue el que hizo palpitar de fe y emoción . Atrás quedan tiempos en los que faeneros y costaleros profesionales precedieron a los "piconeros de costal pegado al cuello y faja abrazada a la cintura". Su herencia ha sido el fruto de un largo caminar, de una chicotá jalonada de dificultades que no merece ser olvidada.
a) Los faeneros y las cuadrillas profesionales (1940-1976)
A finales de los años treinta y comienzos de los cuarenta la conducción de pasos
en bastantes cofradías experimenta una ruptura radical con la tradición al
incorporar, por motivos fundamentalmente económicos, ruedas en las andas
procesionales. A la vez que se desarrolla este proceso, la creación de nuevas
cofradías en el período de posguerra aumenta el número de pasos y los días de
presencia en la calle, favoreciendo la conformación de cuadrillas estables
que,
al mando de un capataz, participarán varios días a la semana y en varias
hermandades.
Desde la fundación de la Hermandad y durante la práctica totalidad de la década de los cuarenta, el paso de nuestra Titular se confió a una cuadrilla de faeneros, la de Antonio Sáez Pozuelo.
Antonio Sáez Pozuelo, alias "el Tarta", nació en Córdoba el 24 de septiembre de 1901. Comenzó como faenero en los años 20 a través de la mediación de su suegro y capataz de Jesús Caído, Antonio Gallegos Pérez. Durante algunos años compagina su labor de capataz con la de faenero bajo el paso de la antigua imagen de la Esperanza para, finalmente, consolidarse como capataz de una cuadrilla a la que imprime un estilo similar al de décadas anteriores; sobria forma de mando, sin adornos, reducida al léxico imprescindible con escasas palabras de aliento, paso corto y frecuente llevando la planta del pie siempre pegada al suelo. Mejora, eso sí, la forma de cuadrar, ahora por estatura y hombros, y la disciplina dentro de la cuadrilla
Llegada la cuaresma, sus hombres, procedentes de la Lonja, de la sección de carga y descarga de la Delegación de Trabajo, de Carbonell, Rodríguez y Hermanos, Añón y González Zayas, se reunían en el negocio familiar de la calle Santa Victoria para confirmar su presencia y conocer el trabajo que les corresponde en Semana Santa. Entre ellos está su hijo Rafael Sáez Gallegos, que debuta como faenero en 1943 bajo el paso de la antigua Virgen de la Esperanza.
En
1949 y durante una buena cantidad de años, se hará cargo del paso de la Virgen de la Esperanza
José Gálvez Galocha, alias "el Policía", nacido en el sevillano barrio de Triana
el 12 de mayo de 1916.
Con él se introducen elementos formales del
estilo sevillano como la denominación de costaleros para los portadores del paso, la incorporación del
llamador y la difusión del léxico usado por los capataces hispalenses. Su estilo
efectista supone un fuerte
contraste frente al empleado hasta el momento,
marcando el comienzo de la búsqueda deliberada de la dificultad para el lucimiento
de la cuadrilla.
Los hombres que manda, la mayoría de la sección de carga y descarga de la Delegación de Trabajo y de las fábricas de Carbonell y de Asland, trabajan con una manta enrollada sobre cuello y hombros. Se reúne con ellos en una Taberna del Campo de la Verdad para fijar la paga, asignar los días de salida y cubrir las bajas.
En 1963 se hace cargo del paso de Ntro. Padre Jesús de las Penas Rafael Muñoz Serrano quien, nacido en Córdoba el 8 de enero de 1931, se había formado como contraguía primero, en 1957, y como capataz después, en 1961, en la cuadrilla de José Gálvez Galocha. Entusiasmado con la forma de trabajar de las cuadrillas sevillanas, la técnica de Muñoz supone un avance cualitativo aunque la diferente mentalidad y la falta de continuidad impide los mismos resultados.
Con la retirada de José Gálvez Galocha en 1971, Rafael Muñoz Serrano se hace cargo de la cuadrilla profesional pasando a segundo capataz Ignacio Torronteras Paz, hasta entonces contraguía. Es entonces cuando coge el llamador del palio de Mª Stma. de la Esperanza dejando para Ignacio Torronteras el de Ntro. Padre Jesús de las Penas.
Ignacio Torronteras Paz, alias "el Cabezón", nació el 18 de enero de 1932 en Córdoba. Carpintero de profesión, comenzó desde pequeño a trabajar en la Hermandad de la Esperanza introducido por su padre. Aunque debutó de forma accidental al frente del paso del Resucitado en 1961, será en el paso de Ntro. Padre Jesús de las Penas donde iniciará su magisterio como capataz de costaleros.
b) Las cuadrillas de hermanos costaleros
La dificultades económicas para mantener las cuadrillas profesionales y la
tendencia paulatina hacia el modelo sevillano concluye en la
creación de las cuadrillas de hermanos costaleros
y, con ellas, la
vuelta a la primitiva tradición de portar las andas, constituyendo uno de los
hechos más significativos de
la Semana Santa
de Córdoba de mediados de los setenta al abrir una vía de participación a los
jóvenes que sería decisiva no sólo en la manera de procesionar, donde comporta
una impresionante mejora cualitativa, sino en la propia vida interna de las
hermandades.
La experiencia se inicia en la Cofradía de la Expiración el Martes Santo, 25 de marzo de 1975, un año después de que Rafael Muñoz e Ignacio Torronteras conocieran la nueva modalidad en el Cincuentenario de la Cofradía sevillana de la Buena Muerte celebrado en 1974.
El éxito obtenido abre el camino para otras cofradías y al año siguiente, en 1976, tras una conversación con Ignacio Torronteras, la Hermandad de la Esperanza le encarga crear la segunda cuadrilla de hermanos costaleros de la Semana Santa cordobesa para el paso de Ntro. Padre Jesús de las Penas.
Nacía así la cuadrilla del "Gitano", una cuadrilla de la que, con el tiempo,
saldrían gente tan significativa para la Hermandad como
Ernesto
Crespo, Hermano Mayor en el período 1985-1991 o Jorge Cantos, Pregonero del
Cincuentenario Fundacional de la Hermandad.
Pero la aparición de la cuadrillas de hermanos costaleros resta días de salida, es decir ingresos, a las cuadrillas profesionales. Esto, unido a la paulatina mecanización que disminuye cuantitativamente al colectivo y a las reivindicaciones económicas, fruto del contexto de transición política, deteriora la situación de los profesionales hasta el punto de protagonizar un conato de plante a la Cofradía el Domingo de Ramos de 1978. Como consecuencia de ello, la Hermandad encarga a Ignacio Torronteras la formación de una segunda cuadrilla de hermanos costaleros para el paso de la "Gitana".
En 1979, un costalero del "Gitano", Rafael del Olmo, sale de entre las
trabajaderas y coge el testigo dejado por
Ignacio
Torronteras frente a Ntro. Padre Jesús de las Penas, que ejercerá a partir de ahora su magisterio frente al palio de la "Gitana", bajando
ambos, por primera vez, la
Cuesta del Bailío y convirtiendo ese momento en una de las señas de
identidad
que quedarán como definitivas para el futuro.
En 1993, problemas en el seno de la Cuadrillas de Hermanos Costaleros, hacen a
la Junta de Gobierno cambiar la voz de mando en los pasos de la Cofradía. Así,
tras catorce años como capataz, Rafael del Olmo, distinguido por su sobriedad en
el mando y por la disciplina que transmite a la cuadrilla, es sustituido al
frente del paso de Ntro. Padre Jesús de las Penas por Luís Miguel Carrión
Huertas, alias "Curro". Lo mismo
ocurre con el llamador del palio, donde después
de veintidos años como capataz (ocho en el Cristo y catorce en la Virgen), Ignacio
Torronteras se retira tomando la alternativa uno de sus propios costaleros y, a
la vez, Hermano Mayor, Emiliano Sánchez Castro.
En 1994, con la intención de solucionar los problemas existentes en las
cuadrillas, la Junta de Gobierno, tras la votación correspondiente, ratifica a
Emiliano Sánchez Castro como Capataz de Mª Santísima de la Esperanza y nombra a
Andrés Cuenca como capataz del paso de Ntro.
Padre Jesús de las Penas para, a renglón seguido, rectificar el nombramiento en
favor de Rafael del Olmo.
Pero nuevos roces entre costaleros y capataz llevan a un nuevo cambio en el paso
del "Gitano", que será dirigido por José Antonio Recio Luque
durante los años 1995 y 1996.
En 1997 se hace cargo del paso de Ntro. Padre Jesús de las Penas Federico Fernández Bouza. Dedicado al sector de la hostelería, será el encargado de consolidar esa nueva forma de andar del "Gitano" que, sin perder la impronta de serenidad y elegancia dejada por Rafael del Olmo, se adapta ahora a la nueva realidad del misterio estrenado en 1993 dejando chicotas, giros y "bailios" de magnífico recuerdo en nuestra retina y convirtiendo a la cuadrilla en un referente dentro del mundo costalero cordobés.
Pero ese año se celebra también el Cincuenta Aniversario de la bendición de Mª Stma. de la Esperanza. Entre los actos desarrollados se realiza una salida extraordinaria en la que Ignacio Torronteras, invitado de excepción, coge el llamador de su "cuadrilla de piconeros" por última vez.
En el año 2000 Rafael Merina Sánchez, alias "El Tarugo" y carpintero de profesión, se hace cargo del paso de Mª Stma. de la Esperanza por decisión de la Junta de Gobierno.
c) Presente y futuro
En el año 2005, tras la marcha de Federico Fernández Bouza, Antonio García Sánchez, alias "el Sevillano" y militar de profesión, se hace cargo de la cuadrilla del "Gitano", haciendo ángel Torronteras Ruiz-Gallegos alias "Angelín", también militar e hijo menor de nuestro querido Ignacio Torronteras, lo propio en el paso de palio de la "Gitana".
Con ellos se abre un futuro esperanzador que, ojalá, perdure en el tiempo llevando a los "piconeros de faja y costal", de paso largo, hasta el amor de Dios y de Su Madre Mº Stma.